Bailando por la esperanza: La historia de Jon, el LSO bailarín

«Cuando bailo, me siento mejor, y a veces esa alegría se contagia a alguien que llevaba mucho tiempo sin sonreír».

 

Desde hace casi dieciséis años, Jon ha sido una presencia alegre y constante en Haven for Hope: alguien con mano firme y un corazón bondadoso que ve lo bueno en todo el mundo. «Han sido quince largos años», dice sonriendo. «Pero me encanta. No lo cambiaría por nada del mundo».

Jon, un antiguo empleado del Departamento del Sheriff, se sintió atraído por la misión de Haven de ayudar a la gente a rehacer sus vidas. «Empiezas a hablar con la gente y te das cuenta de que son como nosotros, gente buena que ha pasado por momentos difíciles. Ahí fue cuando supe que este era el lugar donde tenía que estar».

Ya sea animando a alguien o bailando en el patio, Jon cree que la conexión cura. «Cuando bailo, me curo», dice. «Y a veces esa alegría se contagia a alguien que lleva mucho tiempo sin sonreír».

Ahora que Haven celebra quince años de esperanza, el mensaje de Jon es sencillo: «Estamos cambiando vidas cada día, y esto no ha hecho más que empezar».

Hope encontró un hogar: la historia de Paul

«Teníamos un techo sobre nuestras cabezas, y ahí empezó todo».

Cuando Paul y su hija pequeña, Madison, llegaron a Haven, no tenían a quién más recurrir. «Al principio daba un poco de miedo; había tantas familias que necesitaban ayuda», recuerda. «Pero teníamos un techo bajo el que vivir, y eso fue el principio de todo».

Paul recibió ayuda para gestionar su situación, vales para ropa, abonos de autobús y todo el apoyo que necesitaba para encontrar un trabajo estable. Con cada pequeño paso, la esperanza volvió. «El personal nunca se rindió con nosotros», dice. «Me ayudaron a volver a ponerme en pie y me recordaron que era posible que llegaran días mejores».

Hoy en día, Paul trabaja a tiempo completo en el departamento de mantenimiento, y él y Madison viven ahora en su propio piso de dos habitaciones. «Madison tiene su propia habitación y su propio baño, y le encanta», dice con una sonrisa.

La historia de Paul nos recuerda que, cuando la esperanza encuentra un hogar, las familias pueden reconstruir sus vidas.

Un lugar para volver a respirar: la historia de Amanda

«Por fin puedo volver a respirar y sentirme humano».

Cuando Amanda perdió su trabajo, todo cambió. Con cuatro de sus cinco hijos a su cargo, ella y su marido se quedaron sin casa y les costaba mucho poder pagar la comida, los pañales o incluso una habitación de hotel. «No fue una elección», dice. «A veces la vida te da una sorpresa y necesitas ayuda para volver a levantarte».

En Haven, la familia de Amanda encontró estabilidad y compasión. Gracias a varios programas y servicios que ofrecen Haven y sus colaboradores, su marido pudo encontrar trabajo, mientras que la familia recibió el apoyo que necesitaba para mantenerse unida y seguir adelante. «Ya no estamos en modo de supervivencia», cuenta Amanda. «Por fin puedo volver a respirar y sentirme humana».

Ahora que está a punto de conseguir una vivienda fija, Amanda está llena de esperanza por lo que le depara el futuro. «Si entonces hubiera sabido lo que sé ahora, habría venido aquí hace mucho tiempo», dice.

Con tu apoyo, podemos dar a familias como la de Amanda la oportunidad de reconstruir sus vidas con dignidad.